Ellas jamás lo harán

-¿Y si salto? 
Decía mientras el sonido de las gaviotas y las olas se fundían con el de su voz rota.
Y es que todo lo que decía lo pensaba en voz alta, tan alta como las sondas espaciales que sueltan y nunca vuelven y se convierten en basura espacial.

-¿Y si salto de una vez?
Se repetía mientras una gota le caía por la mejilla. Que ya no sabía si era de miedo a las alturas, lástima de los peces que se ahogan o sudor del esfuerzo de sostenerse en aquél acantilado de pie, de rodillas, haciendo equilibrios con malabares prendidos en fuego de cócteles molotov.

-¿Y si salto qué?
Nadie lo iba a saber, a quien le iba a importar. Salto o no. Tierra o aire. Si se tiraba era un dicho y hecho del que nadie iba a hablar. Ni en las noticias censuradas de los telediarios de cada día a la hora de la cena; ni en los periódicos tachados de un bando político u otro. Como mucho en triste hastag que ni retuiteándolo Reverte llegaría a trending topic. 

-¿Y si mejor me quedo en tierra?
Esto ya parece broma chiquilla. Tírate de una vez al no vacío, al lleno, al fondo que tienes bajo tus pies y deja de hacerle perder el tiempo a otro lector de sofá dominguero. Queremos sangre. Queremos lágrimas. Queremos muerte joder!

-¡Que te follen cabrón, ahora no me tiro!
Ves? Esto ya está mejor. Ahora dilo gritando de forma dramática, desgárrate la garganta en un grito de odio hacia mí, inyéctate los ojos en rabia pura de esa que le robas al camello del barrio. 

-Sádico! Narcicísta! Puto inhumano de mierda!
Bueno niña no te pases.

-¡Adiós!
Y saltó. 
Y se tiró de cabeza haciendo saltos mortales. Directa a un pozo de cuchillas heladas, de olas con alma de león furioso, de rocas afiladas a mala leche. 

Y salió del agua seca. Salió sin mover una sola pestaña. 
Le ordenó a las olas que la sacaran del fondo. Amenazó al agua para que no la mojara y las rocas se apartaron a su paso intimidadas por sus ojos. 

Si mis amenazas no bastaron. Si las espaldas que le dio el mundo no fueron suficientes. Si los golpes de hueso contra su dignidad no surtieron efecto. 

Si nada le afectó es porque es mujer. 

No princesa, no niña, no la reina de mis ojos ni la protagonista de ningún cuento de lobos. Es porque es mujer y como todas, ella es quien mueve este mundo y todo lo que le pertenece. 
Ella es quien no se doblega ante el peso de ningún odio. Quien no acepta grilletes ni posa las rodillas en el cemento ante ningún dedo amenazante ni mano levantada. 


Ella jamás se hubiera tirado, porque ellas son fuertes.

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