Felicidad ajena/propia
Un chocolate caliente de quitar los escalofríos y la humedad del hueso.
Una película de llorar y recordad quien debes ser. Esa de la que ya he leído el libro 200 veces y puedo recordar línea a línea. Esa que quiero llevar impresa en mi dermis por los tiempos. Y no hablo de ningún bestseller de los huevos, hablo de una que toca fondo y ancla en cada neurona de quien la conoce. Y el juego visual de esta novela llevada a línea y movimiento.
Una continua conversación que ahora ya ni recuerdo que día empecé y ya he superado el miedo de que quede en vacío porque se que no pasará, aunque no avance. Estática y monótona, me pone enferma, pero me da la seguridad de tenerla siempre al despertar. Y de que será carne y hueso, y carne sobre todo.
Pero sobretodo la emoción ajena, la alegría regalada por quienes te importan. La felicidad de saber que me hacen más feliz ellos que mi propia felicidad. He gritado más al saber de sus logros que con cualquiera de los míos, y aún me dura la sonrisa tonta en la cara, y la tendré antes de irme a dormir y la llevaré hasta que por fin los vea este fin de semana.
Ni una taza caliente, ni una película y sus emociones fugaces, ni siquiera las palabras que comparto cada día y cada momento. Lo que hace excepcional a este martes disfrazado de común es vuestra alegría. Y el darme cuenta, por mi emoción al saber de la vuestra, cuanto me sois necesarios, cuan hondo habéis cavado y que poder tenéis sobre mí. Los que justo hoy estáis felices y confusos porque sois los protagonistas de la noche, y también los que como yo hemos gritado cuando nos habéis dicho aquello.
La felicidad de los demás, los cuatro mensajes a la 1 de la noche por twitter y las conversaciones, casuales o constantes por whatsapp. Sois mi receta de seguir un día más.
Gracias.
Una película de llorar y recordad quien debes ser. Esa de la que ya he leído el libro 200 veces y puedo recordar línea a línea. Esa que quiero llevar impresa en mi dermis por los tiempos. Y no hablo de ningún bestseller de los huevos, hablo de una que toca fondo y ancla en cada neurona de quien la conoce. Y el juego visual de esta novela llevada a línea y movimiento.
Una continua conversación que ahora ya ni recuerdo que día empecé y ya he superado el miedo de que quede en vacío porque se que no pasará, aunque no avance. Estática y monótona, me pone enferma, pero me da la seguridad de tenerla siempre al despertar. Y de que será carne y hueso, y carne sobre todo.
Pero sobretodo la emoción ajena, la alegría regalada por quienes te importan. La felicidad de saber que me hacen más feliz ellos que mi propia felicidad. He gritado más al saber de sus logros que con cualquiera de los míos, y aún me dura la sonrisa tonta en la cara, y la tendré antes de irme a dormir y la llevaré hasta que por fin los vea este fin de semana.
Ni una taza caliente, ni una película y sus emociones fugaces, ni siquiera las palabras que comparto cada día y cada momento. Lo que hace excepcional a este martes disfrazado de común es vuestra alegría. Y el darme cuenta, por mi emoción al saber de la vuestra, cuanto me sois necesarios, cuan hondo habéis cavado y que poder tenéis sobre mí. Los que justo hoy estáis felices y confusos porque sois los protagonistas de la noche, y también los que como yo hemos gritado cuando nos habéis dicho aquello.
La felicidad de los demás, los cuatro mensajes a la 1 de la noche por twitter y las conversaciones, casuales o constantes por whatsapp. Sois mi receta de seguir un día más.
Gracias.
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